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Dejad a Los Niños

Los voluntarios son esenciales para los ministerios de la iglesia adventista. SOLUTIONS solicitó a Karnik Doukmetzian, consejero general de la Iglesia Adventista del Séptimo Día que repasara su artículo del 2004 sobre el importante papel que desempeñan los voluntarios y que añadiera cómo brindarles protección durante las actividades de los ministerios.

2004—Mis primeros recuerdos de los voluntarios en la iglesia son de reuniones los sábados de noche con pequeñas latas que tenían unos focos con baterías que sobresalían en el centro. Aunque antes de eso muchos otros ya habían trabajado como voluntarios en mi iglesia para que los niños como yo pudiéramos estar seguros y sin problemas en el culto. Desde los diáconos que paleaban la nieve hasta los maestros que daban las clases de escuela sabática, todos voluntarios que hacían que la iglesia funcionara como debía ser.
 
Los voluntarios son el alma de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Periódicamente los encabezados en los boletines de la iglesia subrayan el papel crucial de los voluntarios: “Cincuenta y dos mil jóvenes participan en la Red de Servicios Juveniles Adventistas”, “Voluntarios construyen 1,000 templos en 1,000 días”, “Voluntarios distribuyen miles de volantes”, “Crecimiento impresionante de la iglesia dirigido por voluntarios” y otros. La iglesia sufriría sin el aporte de su ejército de más de 13 millones de voluntarios.
 
Cada año las juntas de nombramientos consideran la lista de miembros de la iglesia, con el fin de invitar a voluntarios que ayuden en diferentes funciones. Algunas veces, por la prisa de asignar todos los puestos, no se pone suficiente atención para asegurarse de que los voluntarios elegidos tengan las cualidades para cumplir la misión y el ministerio de la iglesia y, especialmente, para asegurarse de que no se perjudique a quienes quedan bajo su dirección. Nos congratulamos por tener iglesias con aire de familia, sin embargo para realmente jactarnos de algo así debemos estar seguros de que tanto las instalaciones como la familia de la iglesia son un refugio seguro para nuestros hijos.
 
Sabemos de gente cuya vida ha sido destrozada por líderes voluntarios en quienes se confiaba. Para asegurar a los niños y a sus padres que hemos hecho todo de nuestra parte para fomentar la seguridad en el ambiente de la iglesia necesitamos seguir unas cuantas reglas muy sencillas, que se detallan en las Directrices para la gestión y evaluación de voluntarios. Tales directrices, desarrolladas por la División Norteamericana, resultan efectivas solo si se consideran y aplican de manera consistente.
 
Cuando Jesús dijo “dejad a los niños” no quiso decir que debíamos dejarlos. Continuó con estas palabras: “venir a mí, y no se lo impidáis”. No podemos aceptar esta advertencia sin también aceptar el compromiso correspondiente de anticiparnos y encontrar la manera de brindar un ambiente seguro que ayude a los niños a aprender a amar y seguir a Jesús.
 
A todos se nos ha dado el privilegio de ofrecernos como voluntarios para cumplir la Gran Comisión. Esto significa que no solo ayudamos a que los niños desarrollen una relación con Jesús sino que también los protegemos de los abusos.
 

2015 actualización del Autor

2015—Los voluntarios deben seguir siendo una de las mayores necesidades de cada congregación. Los voluntarios cumplen muchas funciones de importancia en la iglesia, aunque ninguna tan importante como asistir a los niños. Desde que se elaboró este artículo la primera vez se han hecho unas cuantas adiciones a las normas para ayudar a cumplir el objetivo final de desarrollar un ambiente sano para los niños.
 
En cuanto a las instituciones ubicadas en la División Norteamericana (NAD) el reglamento FB 20 describe el proceso a seguir con quienes son voluntarios en los ministerios infantil y juvenil. El reglamento establece que las iglesias deben elegir, evaluar y organizar a personas dignas de confianza para trabajar como voluntarios en las actividades de los niños y los jóvenes. Los voluntarios elegidos deben ser bien conocidos o haber sido miembros de la congregación por al menos seis meses. Se requiere que se les dé orientación y capacitación y sean evaluados (incluyendo buscar antecedentes penales y referencias personales). Una vez que los voluntarios pasen por este proceso deben expresar su acuerdo con un código de conducta. Las instituciones ubicadas fuera de la NAD debieran considerar la adopción de reglamentos similares para estar seguros de que los voluntarios elegidos pueden realmente desarrollar el ambiente sano que todo niño necesita.
 
El Manual de la Iglesia Adventista del Séptimo Día también incluye lineamientos para que la congregación establezca normas para la protección de sus niños. Las normas debieran incluir la regla de los dos adultos, la regla de la puerta abierta, evaluación de los voluntarios, membresía de seis meses y capacitación.
 
Para saber más sobre cómo cuidar a los voluntarios y a los niños por favor repasa nuestros materiales disponible aquí.

By:Karnik Doukmetzian
GENERAL COUNSEL
Seventh-day Adventist Church