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Cuando ataca un depredador


Nada puede desgarrar más a una iglesia que una denuncia de abuso sexual infantil por parte de un adulto a uno de los niños de su congregación. El pastor y los líderes de la iglesia se enfrentan de inmediato a una crisis espiritual. ¿Cuál es la manera adecuada de tratar a las personas afectadas? ¿Cuál es la secuela potencial más allá del trauma que sufre el niño? Aunque cada situación es diferente, tener un plan de acción sobre cómo su congregación puede manejar denuncias de abuso infantil es un primer paso fundamental en el proceso de sanación para todos los protagonistas.

Se calcula que existen más de 39 millones de sobrevivientes de abuso infantil adultos en los Estados Unidos. Este número continúa creciendo; aproximadamente 500 000 niños son víctimas de abuso sexual cada año. El abuso sexual puede ocurrir en su iglesia. Ninguna congregación está exenta de este trágico mal. El apóstol Pedro nos recuerda que debemos estar en guardia en todo momento: «Cuiden como pastores el rebaño de Dios que está a su cargo... Practiquen el dominio propio y manténganse alerta. Su enemigo el diablo ronda como león rugiente, buscando a quién devorar». (1 Pedro 5:2,8). ¿Su congregación sabe cómo debe responder después del ataque de un depredador? Estas son cinco mejores prácticas que pueden ayudar a guiar a su congregación a atravesar estos tipos de situaciones turbulentas.

Encontrar Sanación Después de un Sex Niño incidentes de abuso

  1. Reconocer el abuso infantil: Los líderes y los miembros de la iglesia deben estar dispuestos a reconocer lo sucedido. Vivimos en un mundo de pecado. Por esa razón es fundamental para su congregación tener un plan de protección infantil por escrito establecido para proteger a los niños de daños. Debe informarse a los adultos sobre cómo deben interactuar adecuadamente con los niños y cómo reconocer las señales de advertencia que indican abuso infantil antes de que ocurra un incidente. Para obtener más información sobre cómo crear un plan, visite los recursos de protección infantil de ARM

  2. Denunciar el abuso y cooperar: Es fundamental que los líderes de la iglesia comprendan las leyes de denuncia para la protección infantil en su jurisdicción. Cuando surgen denuncias e incidentes de abuso infantil, debe informarse de inmediato a las fuerzas de seguridad. La congregación no tiene la responsabilidad de investigar el reclamo del niño. De eso se encargarán profesionales capacitados y de las fuerzas de seguridad. Es apropiado ofrecer una cooperación total y no obstruir la investigación. También es muy importante que se notifique de inmediato a la administración de la conferencia local sobre la situación. Ellos deben realizar las notificaciones apropiadas a su compañía de seguro y al asesor legal.

  3. Empatía mal encauzada: A los miembros de la iglesia les resulta muy difícil aceptar la posibilidad de que un adulto en el que confían y a quien conocen personalmente pueda lastimar a un niño. Para algunos puede ser aún más inconcebible que el abuso provenga de alguien de la congregación. Recuerde que en muchos incidentes estas denuncias son ciertas. El adulto acusado debe ser liberado de sus responsabilidades en la iglesia hasta tanto se realice una investigación exhaustiva. Algunos miembros pueden sentirse tentados a tomar partido o intentar amparar al adulto tapando la verdad para proteger la reputación de la persona o de la iglesia. A menudo estas actitudes pueden causar más daño a todas las partes involucradas. Es mejor actuar y descubrir la verdad para proteger la reputación de todos y evitar incidentes futuros. Recuerde que su primera responsabilidad es proteger a la víctima de más daño.

  4. Sanación interior: Durante estos momentos difíciles, el pastor debe asumir una función activa en ser el guía de la congregación. Las familias, tanto de un lado como del otro, están muy perturbadas y necesitan cuidado pastoral y guía espiritual. No es momento de ser sentencioso ni de tomar partido. La congregación necesita la tranquilidad de que el Señor tiene el poder y de que Él será quien brinde la guía para conducirlos por los momentos difíciles que les esperan.

  5. Nunca se arriesgue a dar una segunda oportunidad: «Las personas que han violado su confianza sagrada no deben ocupar cargos que les vuelvan a dar acceso a niños», manifestó el difunto James Cress, ex director ministerial de la Conferencia General. «Algunas personas propugnan misericordia para quienes violan a los niños y, por supuesto, todo pecador tiene derecho a ser perdonado. Las escrituras, sin embargo, propugnan la misericordia para sus víctimas y protección para quienes podrían convertirse en víctimas si esas personas tuvieran acceso a volver a atacar a los inocentes». Nuestra primera obligación debe ser siempre proteger a nuestros niños de daños.


By: Arthur Blinci
Assistant to the President for Strategic Risk Management
Adventist Risk Management, Inc.